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¿Las computadoras en el aula empeoran los aprendizajes?

La reciente publicación del estudio de factores asociados a los logros de aprendizaje publicado por la UNESCO es un documento central para la región. Analiza con alto rigor científico qué dimensiones tuvieron mayor impacto en los aprendizajes de alumnos de tercer y sexto grado en lectura, matemática y ciencias en 15 países de América Latina en el año 2013. Es una lectura obligada para el diseño de políticas.

Una de las más asombrosas evidencias que surge del informe puede verse en el siguiente gráfico. El mayor uso de computadoras en el aula muestra una asociación directa con la disminución de los aprendizajes. Cuando los alumnos usan computadoras una o dos veces a la semana el efecto sobre los aprendizajes es muy bajo y tiende a ser neutro. En cambio, cuando la utilizan más de dos veces a la semana, 14 de los 15 países muestran una asociación fuertemente negativa con los aprendizajes de los alumnos.

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Este mismo hallazgo puede encontrarse en otros estudios previos, como los realizados por la OCDE con las pruebas PISA.

En cambio, el mayor uso de las computadoras por parte de los alumnos en el hogar sí está asociado con una mejora de los aprendizajes. Cuando se corrige el efecto del nivel socioeconómico de los alumnos, este efecto se mantiene aunque es leve y cambiante según países.

CUADRO: DIFERENCIA DE LOGRO ENTRE ESTUDIANTES QUE USAN EL COMPUTADOR FUERA DE LA ESCUELA MÁS DE 2 DÍAS DÍAS POR SEMANA Y LOS QUE NO LO USAN

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Las conclusiones pueden leerse de esta manera: las computadoras parecen aportar mejoras en el aprendizaje de los alumnos cuando las usan en el hogar pero empeoran sus logros cuando las usan en las escuelas. Paradójicamente cuando más se puede controlar el uso de las computadoras para el aprendizaje peor parece su efecto.

Los datos son sorprendentes. Podría suponerse que el efecto de las computadoras en las aulas sea bajo o incluso nulo, pero ¿altamente perjudicial para el aprendizaje? ¿Por qué podría darse este fenómeno? ¿Las computadoras quitan tiempo a tareas más importantes, obstaculizan la enseñanza? ¿Para tener frutos necesitan de la libertad que cada individuo tenga para usarlas (en el hogar) y no de un formato uniforme (escolarizado)?

Aquí aparecen dos grandes hipótesis que pueden explicar los resultados analizados: 1-La brecha pedagógica, 2-La brecha del software.

Primera brecha: la formación de los docentes está muy lejos de aprovechar todavía las posibilidades que abren las nuevas tecnologías. La aparición en algunos países de la región de políticas de entrega masiva de computadoras a los alumnos y el florecimiento del equipamiento parece haber quedado lejos de la formación docente.

¿Fue demasiado acelerado este proceso? ¿Distrajo la enseñanza? ¿La capacitación docente no tuvo efectos, fue pobre o equivocada?

Segunda brecha: el hardware parece haber ganado la carrera en América Latina a expensas de dejar atrás el software, las aplicaciones, el contenido y quizás el sentido mismo del aprendizaje con nuevas herramientas digitales. En muchos casos avanzó la entrega de computadoras, aunque no a la misma velocidad la conectividad a internet. En otros casos la producción de contenidos digitales creció, se diversificó, pero no logró armar un “sistema” que funcione, que tenga continuidad y se acople con la enseñanza de los docentes.

Esta segunda brecha es tan o más importante que la primera y ha sido mucho menos explorada.

El futuro de la educación todavía no se ha escrito. La hipótesis que surge del sorprendente dato de las pruebas TERCE de la UNESCO es hay que reducir dos brechas, mientras se sigue avanzando en la reducción de la brecha digital del equipamiento y la conectividad.

La primera brecha requiere docentes cada día más poderosos en su enseñanza. Así lo demuestra la mayor meta-evaluación de estudios sobre las prácticas pedagógicas, desarrollada por John Hattie. Luego de sistematizar más de 800 estudios, Hattie encontró que nada tiene más efecto en los aprendizajes que la práctica de enseñanza dialógica, en la cual la interacción de los docentes con los pensamientos y preguntas de los alumnos es explícita. Le siguió en impacto la enseñanza de la autorreflexión y la metacognición.

Esto indica que los verdaderos cambios vendrán si los docentes tienen capacidades pedagógicas para hacer pensar, dialogar y enseñar a aprender a sus alumnos. Las tecnologías no ayudarán por sí mismas si ingresan casi a la fuerza por las puertas de las aulas. Mejorar y cambiar la formación, el reclutamiento y la carrera profesional de los docentes es el desafío mayor. No se trata de enseñar a los docentes un saber instrumental sobre las computadoras: hay que formarlos para que sean agentes transformadores con su práctica pedagógica.

La segunda brecha es tan importante como la primera. En América Latina se han multiplicado los portales educativos e incluso se han creado nuevos recursos (videojuegos, canales de televisión educativa, aplicaciones, etc.). Pero lejos está todo de esto de funcionar sistémicamente. La mayoría de las veces son piezas sueltas que dialogan poco con el diseño curricular y la planificación docente.

Es tiempo de diseñar un sistema educativo digital en los países de América Latina. Una estrategia integral de relación entre los materiales y aplicaciones educativas, de sistematización, de creación de trayectos, de continuidades, de estabilizaciones e incentivos adecuados. Quizás puedan hallarse algo en esta dirección en el reciente lanzamiento en Brasil del Netflix de la educación: asociado a la preparación del examen de acceso a la universidad parece más fácil de sistematizar el aprendizaje digital con una meta concreta y medible.

Las computadoras en las aulas no empeoran los aprendizajes de los alumnos. Lo hacen en contextos donde los docentes están desbordados de demandas y faltos de formación pedagógica profunda. Lo hacen ante la ausencia de planes sistémicos de software que empalme con el hardware.

Basta mirar el caso de Uruguay, que aparece como la gran excepción en América Latina en las pruebas TERCE. Uruguay es el único de los 15 países donde la asociación entre uso de las computadoras en las aulas y el aprendizaje es positiva cuando se usa dos veces a la semana y neutra cuando se usa más días. Allí se implementó el Plan Ceibal desde 2007, una política estatal que entregó una computadora por alumno en el nivel primario y tuvo un fuerte desarrollo de la capacitación docente y la creación de herramientas digitales para el aprendizaje. Ceibal muestra que el camino de mejora es posible con las computadoras en las aulas, aunque todavía de forma incipiente.


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