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Escuelas grandes o pequeñas: ¿cuál es la nueva escala del aprendizaje?

El movimiento de las escuelas pequeñas se ha agigantado en la última década. En los años 1960 la creencia dominante en Estados Unidos era otra: fue la década de las grandes escuelas, con gran variedad de oferta curricular y recursos. Los paraísos de la variedad de conocimiento por cantidad parecen haberse transformado luego de cinco décadas en bombas de tiempo para la personalización del aprendizaje: lugares inseguros, selvas que aniquilaban a los más débiles. La investigación ayudó al cambio: el envase pequeño se convirtió en una salida a la vida caótica de esas grandes escuelas.

Diversos estudios han mostrado los efectos positivos de las escuelas pequeñas. Los trabajos de Howley y Bickel demostraron el impacto notable en la mejora de los aprendizajes de los alumnos más pobres. En un estudio comparado, encontraron que la correlación entre pobreza y bajo rendimiento educativo era diez veces menor en escuelas pequeñas que grandes. Un estudio titulado “Dollars and Sense II”, mostró también que, pese a lo que se supone, las escuelas pequeñas son un 17% menos costosas por alumno que las escuelas grandes.

Las políticas no se hicieron esperar. Para desactivar las grandes bombas de tiempo sin tirar abajo los edificios, el gobierno federal de Estados Unidos lanzó un programa de 94 millones de dólares anuales para “achicar” las grandes escuelas, creando pequeñas comunidades de aprendizaje dentro de ellas. Las escuelas chárter, que recibieron muchos nuevos recursos y apoyos, son mayormente escuelas chicas.

Bill Gates se convirtió en el mayor defensor de las escuelas pequeñas. Desde 1999 invirtió 1.8 billones de dólares en la creación de escuelas pequeñas. Mucha decepción vino detrás de esta mega apuesta. Algunos estudios propios de la Fundación Gates mostraron efectos positivos en el aprendizaje de lenguaje pero levemente negativos en matemática en las escuelas pequeñas. Otros directamente no hallaron diferencias significativas. Incluso un especialista en metodologías cuantitativas usó el ejemplo de Gates para mostrar cómo un mal análisis estadístico puede llevar a invertir millones de forma equivocada.

Mirar los cambios educativos desde una única dimensión es aventurado y riesgoso. La escala de la escuela es sólo una entre muchas dimensiones. Es mucho más probable que haya diversas soluciones para diversos contextos y que una combinación de intervenciones sea más poderosa que una bala de plata. Luego de admitir su error, Gates decidió invertir mucho más en mejorar la enseñanza con nuevos dispositivos de observación de clases y aprendizaje horizontal de los docentes. Pasó del tamaño de la escuela como variable decisiva a las pedagogías y las capacidades de los docentes.

Pero el movimiento de escuelas pequeñas no está muerto. Al contrario, parece estar lleno de vigor en una era educativa nueva. La posibilidad de crear ambientes de aprendizaje absolutamente disruptivos parece más fácil de experimentar en pequeñas escuelas. Esa es la experiencia de AltSchool, un movimiento de micro-escuelas de menos de 150 alumnos desarrollado por algunos de los mayores líderes tecnológicos del momento.

Las AltSchool tienen una visión revolucionaria: invierten el 10% del proyecto en investigación y desarrollo. Son escuelas experimentales que están anticipando posibles escenarios futuros de la educación. Sus ingenieros desarrollaron un sistema de audio y video que graba todo el día escolar para que los docentes puedan analizarlo en detalle. Un software reconoce las expresiones en el rostro de los alumnos y realiza una analítica de cada clase: la iluminación del aula cambia automáticamente dando una señal cuando el ruido de los alumnos se hace demasiado alto. El docente es asistido por las máquinas para controlar el curso y es evaluado por el nivel de atención e interés de sus alumnos. ¿Llega un mundo educativo nuevo?

Las AltSchool no se preocupan por el mayor riesgo de las escuelas pequeñas: la baja diversidad curricular. Las grandes escuelas tenían una gran ventaja: muchas materias para elegir, clubes, espacios diversos, bibliotecas gigantes. Muchas de las ventajas de la economía de escala desaparecieron: basta estar conectado a internet y “todo vendrá a mí”. Las AltSchool tienen un “playlist” de aprendizaje para cada alumno, con diversas actividades personalizadas (aprender es parecido a escuchar música en Pandora).

El líder de las AltSchool, Max Ventilla, cuenta su secreto: las escuelas chicas son mucho menos costosas. No requieren grandes edificios, pueden instalarse casi en cualquier lugar. Lo central no es el tamaño sino la red: cuantas más escuelas se creen más conocimiento pedagógico especializado se podrá desarrollar. Cada unidad (llámese escuela, docente o alumno) retroalimenta a las demás. ¿Será este movimiento tecno-pedagógico de escuelas de “guerrilla” (infiltrándose una a una en cada pequeña comunidad) el futuro del cambio educativo?

Ventilla dice que va a ser muy grande usando mucha tecnología basada en el consumo de los usuarios (“Getting Very Big by Being Very User Driven”). Lo grande y lo pequeño ya no dependen del espacio físico. Estamos entrando en otra era. Qué será una escuela grande y pequeña tendrá, probablemente, otro significado en los años porvenir.


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